martes, 8 de junio de 2010

2 capi

Para llegar a Forks tenía por delante un vuelo de cuatro horas de Phoenix a
Seattle, y desde allí a Port Angeles una hora más en avioneta y otra más en coche. No
me desagrada volar, pero me preocupaba un poco pasar una hora en el coche con
Charlie.
Lo cierto es que Charlie había llevado bastante bien todo aquello. Parecía
realmente complacido de que por primera vez fuera a vivir con él de forma más o
menos permanente. Ya me había matriculado en el instituto y me iba a ayudar a
comprar un coche.
Pero estaba convencida de que iba a sentirme incómoda en su compañía.
Ninguno de los dos éramos muy habladores que se diga, y, de todos modos, tampoco
tenía nada que contarle. Sabía que mi decisión lo hacía sentirse un poco confuso, ya
que, al igual que mi madre, yo nunca había ocultado mi aversión hacia Forks.
Estaba lloviendo cuando el avión aterrizó en Port Angeles. No lo consideré un
presagio, simplemente era inevitable. Ya me había despedido del sol.
Charlie me esperaba en el coche patrulla, lo cual no me extrañó. Para las buenas
gentes de Forks, Charlie es el jefe de policía Swan. La principal razón de querer
comprarme un coche, a pesar de lo escaso de mis ahorros, era que me negaba en
redondo a que me llevara por todo el pueblo en un coche con luces rojas y azules en
el techo. No hay nada que ralentice más la velocidad del tráfico que un poli.
Charlie me abrazó torpemente con un solo brazo cuando bajaba a trompicones
la escalerilla del avión.
—Me alegro de verte, Bella —dijo con una sonrisa al mismo tiempo que me
sostenía firmemente—. Apenas has cambiado. ¿Cómo está Renée?
—Mamá está bien. Yo también me alegro de verte, papá —no le podía llamar
Charlie a la cara.
Traía pocas maletas. La mayoría de mi ropa de Arizona era demasiado ligera
para llevarla en Washington. Mi madre y yo habíamos hecho un fondo común con
nuestros recursos para complementar mi vestuario de invierno, pero, a pesar de
todo, era escaso. Todas cupieron fácilmente en el maletero del coche patrulla.
—He localizado un coche perfecto para ti, y muy barato —anunció una vez que
nos abrochamos los cinturones de seguridad. ¿Qué tipo de coche?
Desconfié de la manera en que había dicho «un coche perfecto para ti» en lugar
de simplemente «un coche perfecto».
—Bueno, es un monovolumen, un Chevy para ser exactos.
— ¿Dónde lo encontraste?
— ¿Te acuerdas de Billy Black, el que vivía en La Push?
La Push es una pequeña reserva india situada en la costa.
—No.
—Solía venir de pesca con nosotros durante el verano —me explicó.
Por eso no me acordaba de él. Se me da bien olvidar las cosas dolorosas e
innecesarias.

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